15 de marzo de 2007

Tengo miedo

A veces, entre comidas, una se dedica a la obscena entrega de su cuerpo y lo que es peor, su alma, si la hubiera, a la esclava tarea de asfixiar sus nalgas en una silla de oficina, de esas de ruedas frustradas, a ojear a dónde nos llevan esos escalofriantes enlaces alojados en otros blogs, y, para mí sopresa, para la mía y solo mía, comprobar aterrada, como a la heterodoxia, también le pueden salir los gusanitos blancos.
Los chupapollismos, el a ver quien mea más lejos en este mundillo, esos multienlaces fatídicos nacidos de pringosos arrebatos de ego, google como oráculo absoluto, pueden provocar daños irreversibles en el cerebro. Quizás, lo mío, no sean más que los suspiros ahogados de un anonimato forzado pero satisfactorio, que solo pueden percibir los "lobbys" de dientes afilados y brillantes.

Suya, afectuosa.

Catherine.

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