8 de junio de 2007

Virtuosos bajo las estrellas

Hace tiempo ya, mi tía me grabó dos Cd's del violinista Ara Malikian. Son las Sonatas y Partitas para violín solo de J. S. Bach. Desde entonces, la curiosidad por verlo en directo empezó a crecer. Y hete aquí que me fijo hace unas semanas en un anuncio urbano, un publipost de estos, anunciando conciertos en el planetario "Música de las estrellas". Enseguida lo puse en el buscador y ¡qué veían mis ojos!: Tres conciertazos durante el mes de mayo, uno de música Andalusí, otro de jazz y otro de un trío de piano, violín (Ara) y chelo. El caso es que rauda y veloz llamé para conseguir dos entradas (he de confesar que en el fondo estaba dispuesta a ir a lo que quedara, me gustaba todo). Y allí nos tenían el 26 de mayo al Sr. Clementi et a moi, con la piel gallinácea viendo las órbitas y superficie de planetas en la bóveda del planetario, las supernovas, estrellas que explotan, los anillos de Saturno todo mientras escuchábamos al mago de la cuerda, todo sensibilidad y al mismo tiempo brío y energía, un monstruo del violín, uno entre un millón (de violinistas)
He de decir que me pareció una idea fabulosa; cuando no se proyectaba nada y solo se veía el cielo estrellado, la atención se centraba en los músicos y las partituras, sobre las que se dirigía un luz roja, de repente empezaban a surgir imágenes acordes con el discurrir de la música. Interpretaron música armenia y a Granados, Sarasate, Falla... la pianista y el chelo no desmerecían pero Ara ensombrecía todo, algo egolatrilla quizás, pero se lo perdonamos al Armenio-Libanés. Últimamente es el primer violín de la sinfónica de la Comunidad de Madrid. Ya saben.

2 comentarios:

Amando de Ossodio dijo...

Puedo decir y digo, que las variaciones sobre el aria de Carmen me puso los pelos como agujeros negros.
Puritita antimateria de la buena.

Mondo Gitane dijo...

Madre mia, y yo con estos pelos. Sarasate nada menos... yo me quedé en el fiddler de un solo diente que salía siempre en el especial del Grand Ole Opry circa 60. Ese sí que era un fiddler entre un millón...