9 de abril de 2007

Michel Petrucciani

Buenas de nuevo:

Aquí, la que escribe, es de las que piensa, sin un atisbo de duda de que la cosa vaya a cambiar moderarse o suavizarse, que el ser humano tiene muy pocas cosas que lo rediman de esa miseria profunda en la que cae con frecuencia y de la que ninguno se salva, cagándose en la pureza y en todo eso.

Pero sí señoras y señores hay cosas que sí, que se apartan de esa condición terrena cloacal y de sus fastuosos homenajes en forma de odas de alcantarillado y regodeos tendenciosos que se materializan en modas pasajeras. Se pueden tocar Valhallitas y Olimpitos con la punta de los dedos apretando un simple botón y ver que sí, que es posible, que hay vida después de la muerte, porque aquí quien esté verdaderamente vivo que levante el húmero.

Una de esas personitas, y aquí si que es personita, fue el pianista francés Michel Petrucciani (1962-1999) que con esos deditos, ese afán de superación (padecía osteogénesis imperfecta), esas ganas de pasarlo bien y esa particular introspección sentimental a la hora de tocar, hace con sus grabaciones que nosotros, modestos mortales muertos, podamos elevarnos a los cielos más diversos y olvidarnos de nihilismos chorras. Cuando suena Brasilian Suite, ¿quién puede estar mal? Es matemáticamente imposible. ¿No notan algo que les puebla las entretelas de repente que antes no estaba? Porque hay gente que no lo nota, no. Pero una no puede por más que decir: Gracias gracias gracias, Monsieur Petrucciani.


2 comentarios:

tarta de manzana dijo...

Me interesa Petrucciani pero no lo he escuchado demasiado. ¿Qué es lo que más te gusta de él, belle?

Belle de jour dijo...

Uy! No me había percatado del Comentario sorry sorry, pues cuando toca temas inspirados en Brasil, puede empezar por un The best of,tiene una discografía muy extensa.

El piano es un instrumento que me encanta, me imagino que por lo polifónico que es, y Petrucciani y Oscar Peterson dos de los pianistas que más me gustan.